...nació en un reino no muy lejano una dulce niña a la que sus padres adoraban. Aquella niña pelirroja no tardó en darse cuenta de que era especial. Fué creciendo protegida y feliz, y aprendiendo a soñar. Soñaba con aprender muchas cosas sobre el mundo que la rodeaba. Soñaba con hacerse mayor. Y soñaba con el día en que apareciera su príncipe azul y reinar en un reino con príncipes y princesas. Y, cada noche, día tras día, antes de dormirse, repasaba sus sueños.
Su vida transcurría tranquila compartiendo juegos con sus dos hermanos. Le gustaba reir y cantar y escuchar música y leer. Leyendo recreaba mundos mágicos tan sólo a su alcance. Podía vivir las historias de otros o imaginarse siendo ella la protagonista. Y seguía soñando. Y el tiempo pasó...
Aquella niña, convertida ya en una mujer, se iba dando cuenta de que el mundo que la rodeaba no era como el mundo que había imaginado. A veces soñaba que el mundo fuera diferente, pero no lo era. Y así empezó a sentir que su vida era como caminar por una montaña buscando un sendero que la llevara hasta la cumbre de la mano de su príncipe. Desde allí contemplarían juntos verdes praderas, rios cristalinos, el cielo, las nubes y el sol. Y el tiempo pasó...
Encontrar aquel sendero no resultaba fácil. Muchas veces aquellos caminos por la montaña se volvieron hostiles y sentía que después de todo no llegaría a ningún lugar. A veces se sentaba a respirar, miraba al cielo y lloraba. Lloraba porque se sentía sóla y tenía miedo. Lloraba porque sentía que estaba cansada. Y lloraba con la idea de que quizás aquel sendero no existía, ni tampoco su príncipe. Poco a poco empezó a acostumbrarse a la soledad y aprendió disfrutar con los bellos paisajes de los senderos que recorría. Aquellos senderos se habían vuelto familiares. Caminaba por ellos. A veces tranquila. A veces cansada. Otras veces simplemente paseaba y disfrutaba de lo que le daban, fuera como fuese...
Pero un día, un día normal en que no pensaba en nada, sintió que a su vida llegaba la magia...
Las Centellas De Melide
Había una vez...
martes, 6 de enero de 2015
Y ¿por qué supe que había comenzado la magia?
Aquel día, un día cualquiera, algo diferente llamó mi atención. Alguien llamó mi atención. Primero fué su sonrisa y el color de un atardecer en un playa. Después su mirada en la que pude intuir algo especial, ¿quizás un alma semejante a la mía?. Le miré y era él, silencioso, lejano, sonriente, tranquilo. Yo simplemente estaba. Y el tiempo pasó...
Y llegó un día en que él dió un paso y se acercó a mi. Y me preguntó mi nombre y me lanzó un beso y me habló de él. Y yo, fascinada y expectante, le dejé situarse a mi lado, cauta aunque sintiendo que ese alguien a quien intuía podía hacer que mi camino se volviera bello y armonioso. Después, muy poco tiempo después, una mano en el corazón comenzó a escribir nuestra historia...
Y de nuevo, el tiempo pasó...
Y llegó un día en que él dió un paso y se acercó a mi. Y me preguntó mi nombre y me lanzó un beso y me habló de él. Y yo, fascinada y expectante, le dejé situarse a mi lado, cauta aunque sintiendo que ese alguien a quien intuía podía hacer que mi camino se volviera bello y armonioso. Después, muy poco tiempo después, una mano en el corazón comenzó a escribir nuestra historia...
Y de nuevo, el tiempo pasó...
Recorriendo senderos...
Desde el primer momento aquel caballero me hizo sentir especial. Su mirada sincera, su sonrisa amable y su simple presencia me hacían sentir muy bien. Me gustaba caminar a su lado y compartir con él mi camino. Él quería que estuviéramos juntos se esforzaba por hacerme sentir que tenerme a su lado le gustaba. Yo no tuve ninguna duda de que era así. Y caminamos... Pronto, muy pronto, quiso llevarme de la mano a bellos lugares que ya conocía. Lugares donde alguna vez, como él decía, ya habíamos estado juntos aún sin conocernos.
Primero fué Galicia, un lugar mágico, tierra de meigas a las que sentí cómplices de nuestro encuentro. Después Santiago de Compostela. Una calle estrecha con aire del pasado. Y al final de aquella calle la luna, guiando nuestros pasos, pasos que dábamos embelesados el uno con el otro.
Plaza del Obradoiro y la catedral, testigos ambas de un tiempo infinito de miradas y silencios que hablaban. El primer ´te quiero´, simple y rotundo. Momentos de almas entrelazadas y ausentes, lejos del mundo que las rodeaba.
Melide. El mar. Las olas. Y las centellas incesantes que adornaban sus crestas y que caprichosas quisieron bautizar, con el sol resplandeciente como testigo, la unión de nuestras almas...
Y seguimos encantados de la mano, pletóricos y llenos de la fuerza y la felicidad que nos dábamos mutuamente, recorriendo aquellos senderos que nos llevaban a diferentes lugares. Todos diferentes. Todos especiales. Nuestros.
Y sentimos que se iba creando un Nosotros muy poderoso entre aquel hombre y aquella mujer. Y comenzamos a creer que juntos las cosas serían más bonitas. Y que quizás alguien había obrado para que nuestros caminos se cruzaran justamente ahora.
Y el tiempo pasaba...
Primero fué Galicia, un lugar mágico, tierra de meigas a las que sentí cómplices de nuestro encuentro. Después Santiago de Compostela. Una calle estrecha con aire del pasado. Y al final de aquella calle la luna, guiando nuestros pasos, pasos que dábamos embelesados el uno con el otro.
Plaza del Obradoiro y la catedral, testigos ambas de un tiempo infinito de miradas y silencios que hablaban. El primer ´te quiero´, simple y rotundo. Momentos de almas entrelazadas y ausentes, lejos del mundo que las rodeaba.
Melide. El mar. Las olas. Y las centellas incesantes que adornaban sus crestas y que caprichosas quisieron bautizar, con el sol resplandeciente como testigo, la unión de nuestras almas...
Y seguimos encantados de la mano, pletóricos y llenos de la fuerza y la felicidad que nos dábamos mutuamente, recorriendo aquellos senderos que nos llevaban a diferentes lugares. Todos diferentes. Todos especiales. Nuestros.
Y sentimos que se iba creando un Nosotros muy poderoso entre aquel hombre y aquella mujer. Y comenzamos a creer que juntos las cosas serían más bonitas. Y que quizás alguien había obrado para que nuestros caminos se cruzaran justamente ahora.
Y el tiempo pasaba...
Sueños...
Y llegaron los sueños y la vida se les mostró más amable. Empezaban a olvidarse de las penas de otros tiempos y contemplar fascinados como se abrían ante ellos nuevos senderos luminosos (jajajajajajaaa ¿a qué te ha recordado esto? ;P)
Miraban hacia atrás y sentían que llevaban mucho tiempo juntos, ¿toda una vida?. Para el resto del mundo sólo habían pasado cuatro meses, en su mundo una vida. Eran innumerables los recuerdos bonitos. Los momentos mágicos que habían compartido les habían llenado tanto que sentían que siempre había sido así. Apenas hubieron malos momentos porque supieron comprenderse y darse amor. Habían conseguido entenderse sólo con mirarse. Ambos sabían lo que el otro pensaba apenas un segundo después de que el pensamiento asomara a sus ojos. No hacían falta las palabras. Sentían que estaban mucho más allá de lo que estaban sus cuerpos. Les fascinaba.
Y el tiempo pasaba y les encantaba estar juntos. Querían estar juntos y juntos se sentían felices. Soñaban con seguir recorriendo aquellos senderos, descubriendo paisajes y dejándose sorprender por todo lo desconocido que les rodeaba. Confiaban en que juntos las cosas, fueran como fuesen serían bellas. Tenían ganas de aprender juntos. De crecer. De sorprenderse. De hacer que la vida del otro fuera más bonita cada día. Querían seguir haciendo fuerte aquella unión que iniciaron las meigas...realmente se querían...todo lo demás vendría sólo como había pasado entre ellos desde el primer momento.
Era la magia de los sueños que se hacen realidad...
Miraban hacia atrás y sentían que llevaban mucho tiempo juntos, ¿toda una vida?. Para el resto del mundo sólo habían pasado cuatro meses, en su mundo una vida. Eran innumerables los recuerdos bonitos. Los momentos mágicos que habían compartido les habían llenado tanto que sentían que siempre había sido así. Apenas hubieron malos momentos porque supieron comprenderse y darse amor. Habían conseguido entenderse sólo con mirarse. Ambos sabían lo que el otro pensaba apenas un segundo después de que el pensamiento asomara a sus ojos. No hacían falta las palabras. Sentían que estaban mucho más allá de lo que estaban sus cuerpos. Les fascinaba.
Y el tiempo pasaba y les encantaba estar juntos. Querían estar juntos y juntos se sentían felices. Soñaban con seguir recorriendo aquellos senderos, descubriendo paisajes y dejándose sorprender por todo lo desconocido que les rodeaba. Confiaban en que juntos las cosas, fueran como fuesen serían bellas. Tenían ganas de aprender juntos. De crecer. De sorprenderse. De hacer que la vida del otro fuera más bonita cada día. Querían seguir haciendo fuerte aquella unión que iniciaron las meigas...realmente se querían...todo lo demás vendría sólo como había pasado entre ellos desde el primer momento.
Era la magia de los sueños que se hacen realidad...
Y hoy día de Reyes...
y de magia he querido hacerte sentir que en mi vida, gracias a tí, ha ganado la magia.
Aquella niña siempre creyó en la magia de las cosas buenas. Siempre supo que la vida, su vida, tenía que ser algo más que vivir. Y hoy, contigo a su lado, tiene la certeza de que es asi.
Hoy quería que supieras que eres tú quien salpica de centellas mis días con cada una de tus sonrisas, de tus miradas y tus besos...Que me parece mentira haber llegado hasta aquí sin haberte tenido a mi lado antes. Que no quiero que me sueltes. Que deseo dartelo todo y que sientas que estando juntos, pase lo que pase, nada será malo.
Quiero que tus lágrimas las provoque el amor y no la pena. Quiero que sientas que te amo con sólo mirarme. Quiero ser para tí la mujer más bella, la tuya.
Hoy, día de Reyes, he querido regalarte mi corazón en forma de letras... letras se ordenan para decirte que sus majestades los Reyes Magos de Oriente te han traido una mujer que desea simplemente hacerte feliz cada día. Una mujer que te adora.
Te quiero Raúl Sánchez Martín.
Aquella niña siempre creyó en la magia de las cosas buenas. Siempre supo que la vida, su vida, tenía que ser algo más que vivir. Y hoy, contigo a su lado, tiene la certeza de que es asi.
Hoy quería que supieras que eres tú quien salpica de centellas mis días con cada una de tus sonrisas, de tus miradas y tus besos...Que me parece mentira haber llegado hasta aquí sin haberte tenido a mi lado antes. Que no quiero que me sueltes. Que deseo dartelo todo y que sientas que estando juntos, pase lo que pase, nada será malo.
Quiero que tus lágrimas las provoque el amor y no la pena. Quiero que sientas que te amo con sólo mirarme. Quiero ser para tí la mujer más bella, la tuya.
Hoy, día de Reyes, he querido regalarte mi corazón en forma de letras... letras se ordenan para decirte que sus majestades los Reyes Magos de Oriente te han traido una mujer que desea simplemente hacerte feliz cada día. Una mujer que te adora.
Te quiero Raúl Sánchez Martín.
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